Viaje a Cork

Nuestra aventura de 7 días por la costa sur de Cork (Irlanda) comenzó tras el aterrizaje en el aeropuerto de Cork. Desde allí mismo, partimos hacia el precioso pueblo pesquero de Kinsale, del que destaca su antiquísima fortificación Charles Forthill, donde los alumnos aprendieron sobre hitos de batallas navales y pudieron conocer los propios cañones de la época. Además, gracias al tiempo meteorológico y a la localización de la propia fortificación, en las laderas de la bahía de entrada al propio país desde la edad medieval, todos quedaron prendados del horizonte verde, propio de la cultura Irlandesa. Un primer impacto visual  desde el segundo cero que todos continuamente comentaban. Más tarde, la visita al propio pueblo de Kinsale, donde tuvieron la oportunidad de tener su primeras conversaciones con hablantes autóctonos y disfrutar de un tiempo de compras más independiente por las calles llenas de fachadas coloridas, vaticinó la real inmersión cultural y lingüística que los 7 días iban en el extranjero iban a suponer.

Desde Kinsale, viajando por la costa sur Irlandesa, llegamos hasta Carrigaline y Crosshaven, las dos localidades originarias de las familias de acogida con las que vivieron y convivieron los estudiantes. Entre encuentros a priori tímidos o avergonzados y las primeras presentaciones en Inglés, las familias de acogidas fueron llegando en los lugares acordados, ofreciendo su mejor sonrisa, su hogar y la mayor de las ganas de pasar una semana de convivencia con ellos.

Al día siguiente, tras haber cenado, desempaquetado maletas, desayunado y un sinfín de tareas cotidianas donde forzosamente tenían que comunicarse en Inglés en la casa de acogida, iban llegando a la escuela al lado de la Crosshaven House, contando mil anécdotas y conversando sobre las nuevas experiencias vividas en tan poco tiempo.

En el aspecto formativo, en la escuela en Crosshaven, asistían a clases hasta mediodía con profesores nativos irlandeses, los estudiantes conocieron otra metodología de enseñanza donde la cultura era la excusa para conversar, jugar y llegar a romper algún que otro estereotipo. Así, a través del símbolo del trébol irlandés, de la historia del mítico Titanic o incluso del intercambio de bailes folclóricos, la inmersión lingüística se enriquecía de una variedad de temas divertidos que hacían de la experiencia un disfrute. Además, en la propia escuela en Crosshaven, que fue siempre nuestro punto de encuentro y refugio grupal, fue donde ellos conectaron más a fondo con las personas de la zona realizando actividades como el Irish Dancing,

Al acabar las clases a mediodía, el programa cultural salía de las páginas dadas por la mañana en la escuela a la realidad. Después de las horas de formación y de almuerzo, era cuando las diferentes excursiones que incluye el programa ocurrían. El estar en el Condado de Cork, les ofreció la oportunidad de conocer su costa, como Cobh, desde donde partió el Titanic por última vez, su ámbito más medieval como el Blarney Castle o el más pacífico como el paseo por los acantilados, pero también pudieron conocer la industrializada ciudad de Cork y su histórica universidad. Además, el viaje se completó con la visita con guías a la mayoría de los monumentos principales de la capital, Dublín, donde todos quedaron sorprendidos del ajetreo urbano, siendo para algunos de ellos su primera vez en una gran ciudad extranjera.

Una variedad de diferentes contextos que sin duda propiciaron a que ganaran en habilidades lingüísticas  y, sobre todo, una inmersión que les ha hecho ganar en independencia y crecimiento personal.

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